A veces pienso que la vida es el infierno de uno y el cielo de otros, y estamos entremezclados para darnos lecciones, por eso tanto caos, tanta injusticia y desequilibrio. Todo tiene su por qué un objetivo, una misión, pero el mundo ha caído en la ignorancia, en no ver más allá.
No quiero que suene a texto deprimido-profundo, solo quiero hablar de la realidad, quiero abrir los ojos y crear conciencia.
Creo que el mundo en sí es algo sencillo, y de lo sencillo que es, lo hacemos complicado. Siempre complicando las cosas, típico error humano.
Desde tiempos inmemoriales hemos complicado todo, y así lo estamos pagando.
A veces, por muy tocando fondo que esté, me pongo a observar alrededor y observo las cosas con detalle, pienso que la vida es algo maravilloso, (algo contradictorio en esos momentos bajos), pero es cierto, ver la naturaleza, los contrastes de colores, un atardecer, el valor de las cosas, el aire puro, los momentos en el que fuiste feliz por una milésima de segundo, pues la felicidad es algo efímero, todas esas cosas y miles más que no podría describir, porque es algo que se siente, lo llamo paz interior. Y digo, por qué, por qué el mundo es tan complicado, y la respuesta es tan simple, nosotros, sólo nosotros podemos cambiarlo, aunque todo esté demasiado corrompido.
martes, 14 de marzo de 2017
domingo, 12 de marzo de 2017
Blanco y negro.
Y qué más le puedo hacer yo, si soy real, si soy humana, qué más le puedo hacer yo.
Soy extrovertida, soy introvertida
soy alegre, soy triste, soy amargada
soy culta, soy de calle
soy una loca, soy cuerda
soy insegura, pero a la vez soy segura, porque cuando mi ánimo me deja, me como el mundo.
Soy blanco, soy negro, nunca gris.
Soy buena, soy gilipollas, pero nunca mala, aunque vaya de chica dura. (pero no me busques las vueltas).
Soy la mayor paranoica del mundo, pero soy la que da consejos a todo el mundo.
Soy activa, pero a la vez la mayor vaga.
Soy todo o nada.
Soy blanco, soy negro, soy blanco y negro, una batalla, que ni yo misma entiendo.
Soy extrovertida, soy introvertida
soy alegre, soy triste, soy amargada
soy culta, soy de calle
soy una loca, soy cuerda
soy insegura, pero a la vez soy segura, porque cuando mi ánimo me deja, me como el mundo.
Soy blanco, soy negro, nunca gris.
Soy buena, soy gilipollas, pero nunca mala, aunque vaya de chica dura. (pero no me busques las vueltas).
Soy la mayor paranoica del mundo, pero soy la que da consejos a todo el mundo.
Soy activa, pero a la vez la mayor vaga.
Soy todo o nada.
Soy blanco, soy negro, soy blanco y negro, una batalla, que ni yo misma entiendo.
viernes, 26 de junio de 2015
Sencillez.
Nos fijamos demasiado en las grandes cosas, cuando lo realmente bonito se encuentran en las más pequeñas y delicadas.
Nos fijamos demasiado en lo material, y al fin y al cabo, de qué sirve. De qué sirve tener de todo si al final no te llena nada.
Muchas personas han sido criadas sin cariño alguno y desde pequeños solo han recibido "amor" de objetos que recibían. Esas personas se convierten en dos tipos, las egoístas y avariciosas o las frías sentimentalmente.
Estas últimas personas llegan a un punto de su vida donde su vacío empieza a aniquilar su más profundo interior, estas personas son las que tratan de dar todo sin recibir nada a cambio porque en su día nunca lo tuvieron, y recibirlo sería un descoloque de todos sus papeles, estas personas son las que valoran los pequeños detalles, porque saben que lo más pequeño equivale a lo más grande. Estas personas son difíciles de encontrar, estas personas simplemente valen la pena.
Lo sencillo está en lo bonito y delicado, incluso en lo más estúpido se puede encontrar, es como mirar a la ventana en un día de lluvia y ver como las gotas descienden lentamente hasta juntarse una con otras.
Así es la vida, una metáfora de esa situación, somos gotas que encontramos en el camino a otras, para luego arrasar con ellas y continuar solos. Es una carrera sin ayuda donde la meta es el borde, el borde de la ventana, el borde de la vida.
Cosas así, solo las puede ver quien aprecia los mínimos detalles.
Nos fijamos demasiado en lo material, y al fin y al cabo, de qué sirve. De qué sirve tener de todo si al final no te llena nada.
Muchas personas han sido criadas sin cariño alguno y desde pequeños solo han recibido "amor" de objetos que recibían. Esas personas se convierten en dos tipos, las egoístas y avariciosas o las frías sentimentalmente.
Estas últimas personas llegan a un punto de su vida donde su vacío empieza a aniquilar su más profundo interior, estas personas son las que tratan de dar todo sin recibir nada a cambio porque en su día nunca lo tuvieron, y recibirlo sería un descoloque de todos sus papeles, estas personas son las que valoran los pequeños detalles, porque saben que lo más pequeño equivale a lo más grande. Estas personas son difíciles de encontrar, estas personas simplemente valen la pena.
Lo sencillo está en lo bonito y delicado, incluso en lo más estúpido se puede encontrar, es como mirar a la ventana en un día de lluvia y ver como las gotas descienden lentamente hasta juntarse una con otras.
Así es la vida, una metáfora de esa situación, somos gotas que encontramos en el camino a otras, para luego arrasar con ellas y continuar solos. Es una carrera sin ayuda donde la meta es el borde, el borde de la ventana, el borde de la vida.
Cosas así, solo las puede ver quien aprecia los mínimos detalles.
sábado, 23 de mayo de 2015
Apariencias.
Y es así, en cierto modo las apariencias engañan, uno no sabe al final con quien trata, porque, detrás de una sonrisa, siempre hay miles de lágrimas, detrás de cada mirada, de cada acción hecha, hay miles de historias que han llevado a ese camino.
Uno no conoce realmente a una persona, porque, ni la misma persona se conoce a si mismo.
Dicen que en esta vida hay que confiar, pero confiar es entregarle a otra persona tu vida entera, ya no hablemos de relaciones amorosas, hablamos de amistades, e incluso familia. En esta vida no se puede confiar en nadie, a veces ni en un uno mismo, ya que puedes llevarte fácilmente a la boca del lobo.
Confiar es un arma letal.
Apariencias, queridas apariencias, tan solo somos actores, en un escenario llamado "vida".
Actuamos de miles maneras.
Llega un día en el cual la gente se quiere adentrar en tu pequeño teatro, pero no para contemplar tu actuación, sino para intervenir en ella, lo cual lleva a los prejucios, y de manera imperceptible cambian tu obra, la distorsionan, y hacen de ti un papel el cual no es el tuyo.
Pero en realidad no hay nadie que te conozca, dime ¿a caso te conoces a ti mismo?
Creedme, por mucho que habléis con vuestro "yo" interior, o vuestros pensamientos, siempre habrá una faceta que os sorprenderá de vosotros mismos, y es ahí cuando empezarás a dudar de qué tipo de persona eres.
Quizás en el camino de la vida, te vayas descubriendo poco a poco, pero nunca alcanzarás ese cien por cien.
Sabemos lo que somos, pero no cómo somos.
Uno no conoce realmente a una persona, porque, ni la misma persona se conoce a si mismo.
Dicen que en esta vida hay que confiar, pero confiar es entregarle a otra persona tu vida entera, ya no hablemos de relaciones amorosas, hablamos de amistades, e incluso familia. En esta vida no se puede confiar en nadie, a veces ni en un uno mismo, ya que puedes llevarte fácilmente a la boca del lobo.
Confiar es un arma letal.
Apariencias, queridas apariencias, tan solo somos actores, en un escenario llamado "vida".
Actuamos de miles maneras.
Llega un día en el cual la gente se quiere adentrar en tu pequeño teatro, pero no para contemplar tu actuación, sino para intervenir en ella, lo cual lleva a los prejucios, y de manera imperceptible cambian tu obra, la distorsionan, y hacen de ti un papel el cual no es el tuyo.
Pero en realidad no hay nadie que te conozca, dime ¿a caso te conoces a ti mismo?
Creedme, por mucho que habléis con vuestro "yo" interior, o vuestros pensamientos, siempre habrá una faceta que os sorprenderá de vosotros mismos, y es ahí cuando empezarás a dudar de qué tipo de persona eres.
Quizás en el camino de la vida, te vayas descubriendo poco a poco, pero nunca alcanzarás ese cien por cien.
Sabemos lo que somos, pero no cómo somos.
jueves, 30 de abril de 2015
En busca de la luz.
Melisa se encontraba en la habitación 427 del Hospital San Juan de Dios. Yacía en su cama, medio sedada, era ya la cuarta vez que estaba en ese lugar. Entre abrió los ojos y empezó a recordar todo lo que había sucedido la noche anterior. Acababa de llegar de hacer la compra a las siete de la tarde, Orson la estaba esperando en el sofá, tomándose una cerveza.
-¿Por qué has tardado tanto? -Gritó.
Melisa quedó enmudecida. Orson volvió a repetir la pregunta, esta vez levantándose bruscamente del sofá. Se acercó a ella, agarró su cuello y susurró lentamente la pregunta.
Melisa titubeó, respondiendo entre sollozos.
-Estaba hablando con la vecina...
Orson seguía cogiéndola del cuello cuando de repente la lanzó contra la pared.
-¡No te atrevas a hablar con nadie de nuevo, y menos cuando es la hora de la cena.
Melisa empezó a llorar desconsoladamente.
-¡Deja de llorar! -Dijo dándole una patada en las costillas. -¡Y hazme la cena!
No podía levantarse del dolor. Melisa hizo el intento de levantarse, Orson le dio acto seguido una patada en la boca, con tan mala suerte de caer encima del tubo del radiador, dejándola inconsciente.
No sabía cuánto tiempo había pasado, estaba desorientada y tenía la boca seca. Miró a su alrededor, percatándose que en el sofá de al lado estaba un agente de policía.
-¿Cuántas veces van ya? ¿Cinco? Melisa no puedes seguir así, hasta que no pongas de tu parte, no podemos hacer nada, ¿de qué sirve detenerle si a los dos días vas a volver con él?
Melisa suspiró profundamente, sabía que el agente Richards tenía razón, pero ella sentía miedo, cada segundo de su vida corría en manos de ese ser, al que ni se le podía llamar persona.
A los tres días le dieron el alta, volvió a su apartamento, donde todo se encontraba exactamente igual que la noche de la tragedia. Sentía una presión en el pecho, no podía seguir viviendo de esa manera. Tenía que hacer las maletas antes que Orson llegase, debía de huir de ese lugar, alejarse de la ciudad, en la cual lo único que convivía con ella eran malos recuerdos. Hizo las maletas rápidamente, cogió lo esencial, cuando de repente sonó la cerradura, Melisa tenía el corazón agitado, ya había estado en esas situaciones más veces, pero nunca de aquella manera, nunca había tratado de huir, nunca había tenido valor, pero era ahora o nunca.
Orson olió su perfume -¡Nena, ¿estás aquí?!
Melisa permaneció callada. -Sé que estás aquí- gruñó.
Melisa tomó valor y salió con el equipaje. Hubo un cruce de miradas.
- ¿Qué crees que estás haciendo? -Gritó.
-Irme, ¿no lo ves? Ya no me das miedo, ya me da igual todo, si me matas te pudrirás en la cárcel, si impides dejarme ir, abajo hay un coche de policía -mintió- y si me dejas ir en paz será mejor para los dos.
Orson empezó a tirar todo, a revolcar las cosas. Melisa se encontraba agitada, pero encontró el momento de salir de ahí.
Melisa fue a comisaria a denunciarlo, contando todas sus experiencias pasadas.
Acto seguido llamó a su hermana de Seattle avisando que iría a la ciudad, contándole todo lo que había sucedido.
Cogió dinero, tren, sus maletas y algo de comida.
Ahora era libre, su pesadilla había terminado, aún no se creía que hubiese salido de ese capítulo oscuro de su vida, por fin había encontrado la luz.
-¿Por qué has tardado tanto? -Gritó.
Melisa quedó enmudecida. Orson volvió a repetir la pregunta, esta vez levantándose bruscamente del sofá. Se acercó a ella, agarró su cuello y susurró lentamente la pregunta.
Melisa titubeó, respondiendo entre sollozos.
-Estaba hablando con la vecina...
Orson seguía cogiéndola del cuello cuando de repente la lanzó contra la pared.
-¡No te atrevas a hablar con nadie de nuevo, y menos cuando es la hora de la cena.
Melisa empezó a llorar desconsoladamente.
-¡Deja de llorar! -Dijo dándole una patada en las costillas. -¡Y hazme la cena!
No podía levantarse del dolor. Melisa hizo el intento de levantarse, Orson le dio acto seguido una patada en la boca, con tan mala suerte de caer encima del tubo del radiador, dejándola inconsciente.
No sabía cuánto tiempo había pasado, estaba desorientada y tenía la boca seca. Miró a su alrededor, percatándose que en el sofá de al lado estaba un agente de policía.
-¿Cuántas veces van ya? ¿Cinco? Melisa no puedes seguir así, hasta que no pongas de tu parte, no podemos hacer nada, ¿de qué sirve detenerle si a los dos días vas a volver con él?
Melisa suspiró profundamente, sabía que el agente Richards tenía razón, pero ella sentía miedo, cada segundo de su vida corría en manos de ese ser, al que ni se le podía llamar persona.
A los tres días le dieron el alta, volvió a su apartamento, donde todo se encontraba exactamente igual que la noche de la tragedia. Sentía una presión en el pecho, no podía seguir viviendo de esa manera. Tenía que hacer las maletas antes que Orson llegase, debía de huir de ese lugar, alejarse de la ciudad, en la cual lo único que convivía con ella eran malos recuerdos. Hizo las maletas rápidamente, cogió lo esencial, cuando de repente sonó la cerradura, Melisa tenía el corazón agitado, ya había estado en esas situaciones más veces, pero nunca de aquella manera, nunca había tratado de huir, nunca había tenido valor, pero era ahora o nunca.
Orson olió su perfume -¡Nena, ¿estás aquí?!
Melisa permaneció callada. -Sé que estás aquí- gruñó.
Melisa tomó valor y salió con el equipaje. Hubo un cruce de miradas.
- ¿Qué crees que estás haciendo? -Gritó.
-Irme, ¿no lo ves? Ya no me das miedo, ya me da igual todo, si me matas te pudrirás en la cárcel, si impides dejarme ir, abajo hay un coche de policía -mintió- y si me dejas ir en paz será mejor para los dos.
Orson empezó a tirar todo, a revolcar las cosas. Melisa se encontraba agitada, pero encontró el momento de salir de ahí.
Melisa fue a comisaria a denunciarlo, contando todas sus experiencias pasadas.
Acto seguido llamó a su hermana de Seattle avisando que iría a la ciudad, contándole todo lo que había sucedido.
Cogió dinero, tren, sus maletas y algo de comida.
Ahora era libre, su pesadilla había terminado, aún no se creía que hubiese salido de ese capítulo oscuro de su vida, por fin había encontrado la luz.
Huida.
Salía corriendo, corriendo hacia ningún lugar, y de repente, apareció en una montaña, una montaña muy alta, donde estaba completamente sola, donde era libre, donde el aire era fresco y puro.
Y ahí estaba, contemplando el vacío, el mundo, sintiéndose grande e invisible, pero con el mundo bajo sus pies.
En esos momentos se sentía libre de cualquier preocupación, como si nada más existiese.
Lástima que solo fuese una imagen en su mente.
¿A quién no le gustaría cumplir esa pequeña fantasía? Huir de todo como si nada más quedase atrás, como si los problemas no fuesen a seguirte...
Y es que, ¿quién no se ha sentido alguna vez atado? Encadenado a algo invisible que te tiene condenado de por vida.
Todos estamos encadenados y/o aferrados a algo insano que nos mantiene con vida, pero, que a la vez nos roba día a día un pedazo de ella.
¿Cuál es el precio a pagar de una condena que procede de la vida misma? Son cosas sin lógica.
Vivimos en un constante bucle sin fin, como un agujero negro que nos absorbe poco a poco, de manera imperceptible, pero intensa.
Quizás ese sea el secreto de la vida, no morimos de vejez, sino de madurez y experiencias, la vida no nos consume físicamente, sino mentalmente.
Y ahí estaba, contemplando el vacío, el mundo, sintiéndose grande e invisible, pero con el mundo bajo sus pies.
En esos momentos se sentía libre de cualquier preocupación, como si nada más existiese.
Lástima que solo fuese una imagen en su mente.
¿A quién no le gustaría cumplir esa pequeña fantasía? Huir de todo como si nada más quedase atrás, como si los problemas no fuesen a seguirte...
Y es que, ¿quién no se ha sentido alguna vez atado? Encadenado a algo invisible que te tiene condenado de por vida.
Todos estamos encadenados y/o aferrados a algo insano que nos mantiene con vida, pero, que a la vez nos roba día a día un pedazo de ella.
¿Cuál es el precio a pagar de una condena que procede de la vida misma? Son cosas sin lógica.
Vivimos en un constante bucle sin fin, como un agujero negro que nos absorbe poco a poco, de manera imperceptible, pero intensa.
Quizás ese sea el secreto de la vida, no morimos de vejez, sino de madurez y experiencias, la vida no nos consume físicamente, sino mentalmente.
miércoles, 29 de abril de 2015
Sheepskin Tearaway.
La poesía está plasmada en muchos lugares, música, imágenes, libros...
Hoy os dejaré un cantante londinense, que quizás pocos conoceréis, pero en cuanto lo escuchéis os atrapara sus letras. Pete Doherty es caracterizado por sus metáforas y su profundidad.
She opened her heart to a tearaway, sheepskin tearaway.
He was covered in scars and full of heroin.
Everyone said from the start
not one single thing could ever be okay...
She didn't listen anyway.
He was covered in scars and full of heroin.
Everyone said from the start
not one single thing could ever be okay...
She didn't listen anyway.
She just opened her heart, threw her cares away.
At night they held on so tight in the dark,
he brushed her hair away.
She heard him say,
At night they held on so tight in the dark,
he brushed her hair away.
She heard him say,
"all my life I've been fighting
and making the best
of and with a very bad lot,
a very bad lot,a very... very bad lot indeed".
and making the best
of and with a very bad lot,
a very bad lot,a very... very bad lot indeed".
Oh, your fighting got you nowhere
If nowhere's here with you, all I'm asking.
And you could fight forever,
but if you killed them all, you'd never will.
If nowhere's here with you, all I'm asking.
And you could fight forever,
but if you killed them all, you'd never will.
So, give me your surrender,
There are other ways to kill a prey.
But then it would never mend you
It's like trying to dry your eyes in a pouring rain.
There are other ways to kill a prey.
But then it would never mend you
It's like trying to dry your eyes in a pouring rain.
She opened her heart to a tearaway, a sheepskin tearaway.
All covered in scars and full of heroin.
All covered in scars and full of heroin.
Tearaway, sheepskin tearaway,
Sheep, sheep, sheep, sheep, sheep
Sheepskin tearaway.
Sheep, sheep, sheep, sheep, sheep
Sheepskin tearaway.
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